En efecto. Cuando en la valoración de una empresa se produce una diferencia relevante y sostenida entre el valor intrínseco o fundamental y el valor extrínseco o de mercado, suele ocurrir que el valor de mercado de esta empresa se basa en expectativas no realistas, fundamentadas en que el mercado bursátil mantendrá indefinidamente un comportamiento alcista. La lógica de este enfoque era bastante simple: ¿para qué perder el tiempo valorando, cuando el mercado está pagando precios cada vez más elevados? En esas circunstancias, de lo que se trata no es de saber si una acción esta o no bien valorada, sino de encontrar a alguien dispuesto a compararla por un precio mayor al que se había adquirido: es lo que se ha llamado el síndrome de encontrar al “loco mayor” (big fool). Así se forman las burbujas financieras, en la que se confunden inversión con especulación, valor con precio.
Todos sabemos que este es un juego en el que todo el mundo gana si la cotización de la acción sube. Pero lo importante no es que esto ocurra puntualmente, sino que sea sostenible en el tiempo, para lo que se precisa entender sus causas: ¿qué ventaja ó ventajas competitivas tiene ese negocio, que le permite tomar decisiones que creen valor sostenible para la empresa?
Existen fórmulas mágicas para medir y crear valor económico que, si se cree en la magia, no están mal. El problema es que los mercados financieros evalúan a medio plazo los proyectos empresariales utilizando otros parámetros. Empleando una expresión americana, podríamos decir que ahora, como siempre, it´s show me time.