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¿Tormenta financiera o tormenta perfecta?

Escrito el 26 Marzo 2008 por Francisco López Lubián en Uncategorized

Como se señalaba hace unos meses en este blog, la crisis financiera destapada en el pasado verano fue anunciada y resumida con anterioridad por informes de organismos internacionales, como el FMI o el BIS. En esencia, entonces el mensaje era: la economía real, bien; pero cuidado con los excesos de la economía financiera.

En la actualidad, ¿se puede seguir afirmando que la crisis es esencialmente financiera, o más bien nos encontramos en una situación donde concurren los elementos necesarios para que se produzca una tormenta perfecta?

Un resumen de hechos puede ser el siguiente:

1)    Unos últimos años de una política monetaria expansiva, incluso con tipos de interés negativos en términos reales, que ha facilitado un gran crecimiento del consumo y de la inversión (viviendas, adquisiciones corporativas) con base en fuertes apalancamientos de familias y empresas.
2)    Un amplio desarrollo de productos financieros especialmente de transferencia del riesgo de crédito (CDS, CLO/CDO), tanto a nivel nacional como internacional.
3)    Un incremento de la titulización de créditos, lo que ha permitido en apariencia enajenar el riesgo y obtener beneficios por la mera estructuración.
4)    La compra de esta deuda titulizada por parte de inversores, que buscaban una rentabilidad más elevada que la ofrecida por los mercados tradicionales en un contexto de tipos muy bajos.

Hasta ahora, la secuencia de hechos es lógica y pone de manifiesto un mecanismo inteligente de generación de riqueza, prudentemente utilizado. ¿Qué ha fallado, entonces, en el proceso? Precisamente, la prudencia para encontrar un equilibrio entre rentabilidad aparente (no ajustada por el riesgo) y rentabilidad real (ajustada por el riesgo).

En efecto, agencias de rating encargadas de calificar estas emisiones de deuda estructurada otorgaron máximas calificaciones a activos titulizados que incluían préstamos hipotecarios (los tristemente famosos subprimes) con un elevado riesgo, ya que la rentabilidad solo se obtenía si se producía una subida indefinida y permanente en el precio de unos activos reales (las viviendas) en muchos casos ya sobrevalorados. Además, dicha rentabilidad “adicional” sólo podía darse en el supuesto de ausencia de incumplimiento de sus obligaciones de pago por parte de los deudores, familias, en ocasiones de escasos recursos. Parecía, que dichas familias serían por siempre inmunes a factores como aumentos de tipos de interés o el desempleo. Finalmente, y como en tantas ocasiones, resucitó la inflación, aumentaron los tipos, se desaceleró el crecimiento, aparecieron los incumplimientos (“defaults”) y…..se ajustó el precio del riesgo de crédito causando importantísimas pérdidas entre los inversores, que habían invertido en títulos con un teórico mínimo riesgo. Una cierta falta de transparencia produjo además alguna crisis de confianza entre los agentes económicos que no ha hecho sino agravar la situación. El teórico círculo virtuoso de generación de valor se empezó a convertir en un círculo vicioso de retraimiento y paralización.

Lo que comenzó siendo una crisis de liquidez se convirtió en una crisis de confianza, en algunos casos de rentabilidad, con efectos claros en la economía real. Se han conciliado los elementos de lo que podría calificarse como una tormenta perfecta: frenazo en la demanda de viviendas (la habitual reversión a la media de cualquier exceso de demanda se ha convertido en un batacazo a la media), desempleo, caída del consumo, desaceleración económica…

¿Qué se puede hacer? Las recetas son pocas, conocidas y bastante difíciles: ante la estrechez de liquidez, inyecciones masivas de liquidez por parte de las autoridades monetarias (¿cuánto? ¿hasta cuando?); ante la ralentización económica, reducción de tipos de interés (¿hasta dónde?) y relajación fiscal y presupuestaria (con los consiguientes efectos secundarios). Quizás lo más complicado será afrontar los necesarios cambios normativos para mejorar la transparencia en las carteras de los inversores financieros y en los modelos de valoración del precio del riesgo y sus coberturas, sobre la base de las necesidades de capital de las entidades financieras. La implementación de Basilea II tiene un largo camino por delante.

Comentarios

styczen 5 Enero 2014 - 14:29

Recent Blogroll Additions…

I saw this really great post today….

Melissa Lima Sousa 13 Mayo 2014 - 06:29

WOW, its a very nice blog. Thanks for sharing a wonderful blog with us.
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